La Lic. María Gabriela Fernandez Ortega, especialista en estrés del Instituto Sincronía, explica por qué esta conducta puede implicar un patrón de comportamiento poco saludable, que conlleve sufrimiento y frustración para el empresario que la padezca.
La autoexigencia tiene que ver con “querer hacer las cosas bien y esforzarnos para ello”; pero la mayoría de las veces no se toma en cuenta que también puede implicar un patrón de comportamiento poco saludable, que conlleva un sufrimiento para la persona que es autoexigente.
El sufrimiento ocurre cuando queremos ir más lejos de lo que nuestras aptitudes nos permiten y la relación entre nuestros recursos, conocimientos y habilidades versus nuestras metas, es desproporcionado. Hay que acompasar el “esto es lo que quiero” con “esto es lo que tengo para conseguirlo” y “esta es la realidad”.
Se trata de: conocer nuestros límites, cómo flexibilizarlos (explotando nuestros recursos, ajustando los que tenemos y los que nos hacen falta), gestionar, priorizar, armar un plan de acción y establecer una meta, de manera realista. Sino, corremos el riesgo de que nuestros “límites” se transformen en “limitaciones”. En síntesis, el objetivo es lograr lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades reales.
La brecha entre la baja autoestima y una autoimagen super idealizada (su prototipo) se instrumenta por medio de esta gran autoexigencia.
La persona autoexigente es aquella a la que le cuesta aceptar la idea de que no puede con muchas cosas que se ha propuesto ya que hacerlo implicaría aceptar que como todos, tiene límites. Además:
Este estilo de funcionamiento termina comprometiendo su salud ya que la autopercepción de sus propias necesidades, inclusive las más elementales, como las biológicas quedan relegadas a un segundo plano y el cuerpo es tratado como algo que no necesita demasiado cuidado. Si el estrés persiste, el malestar se traducirá en el desarrollo de síntomas tanto físico como emocionales (ansiedad, miedos, depresión, angustia, agotamiento mental o burn out por ejemplo).
¿Cómo se puede modificar una conducta autoexigente?
Es momento de ejercitar la voluntad para encontrar un camino diferente, en donde lo que hay sea suficiente para vivir de manera más serena y plácida. Encontrar una nueva forma de relacionarnos con nosotros mismos requiere un proceso físico, emocional y espiritual benévolo, amable y nutriente. Es necesaria la transformación de valores y la escucha de nuestras necesidades.
Dejar atrás la autoexigencia es volvernos más sensibles, conscientes y responsables de nuestra existencia. Implica volvernos más humildes y agradecidos con lo que sí hay adentro y afuera de nosotros. Es un trabajo cotidiano, constante de ejercitar nuestra autocompasión, la tolerancia y el amor hacia nosotros mismos.
Lic. María Gabriela Fernandez Ortega
Instituto Sincronía - Especialistas en estrés, ansiedad y emociones
Tel: (011) 4544-0391 – (011) 4735-4611
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